Casí todo pasó al

"Otro Lado de la Calle"

por Mario Huerta

 

 

     
 

Supermán es un niño achicopalado. Implora que lo miren, saluda callado. Ante él la muchedumbre espera, tensionada en un solo aliento. El viento lo invita a volar; él calcula. Intuye: no hay límites. La neta, la escuela no es muy grande. Más allá, los edificios chismean. Las montañas no se ven, pero están firmes, dispuestas detrás del esmog. Después, el cielo, y tentándolo, otra vez, el viento.

Pasarse de una barda a otra no es nada. Abres la ventana, amenazas y mides. Revisas expresiones. Haces que teman, te busquen, griten. Rápido te ruegan, no te avientes niño, te vas a matar. Y entonces sabes que existes, alguien se da cuenta, importas. Medio pierde el chiste la cosa. Sólo que te estorba la maldita calle, esa pinche calle que nadie, pero nadie se atreve a cruzar.

Llegada la noche me quedo impávido, evadiendo la mirada fulminante de mi madre, sufriendo el insólito ardor de los cuerazos. Sin querer me duermo y en la pesadilla crezco y me endurezco. ¿De quién quiero ser héroe? ¿Por quién ser amado? ¿Para qué recordado?

Se acerca la ilusión del otoño. La auguran las hojas verduzcas, moribundas, colores que giran y giran y acaban en blanco. Estacionada, la camioneta espera. Encierra gritos, miradas espantadas, niños sin niñez, miedos descubiertos, soledad de perros encontrada entre tinieblas, a ochenta por hora, al borde de la histeria.

¿Qué diablos hago aquí? ¿A cuatro mil y pico de millas del pasado? La gente es rete-mocha, me mira raro. No les gusta mi cabello teñido de rubio ni mis aretes, ni mis pantalones alzados del dobladillo, para que se vea el tobillo, como es la moda. Hasta los chavitos del hospital me rehuyen. Piensan que soy uno de ellos. Loquito. Tal vez.

Me paso el día manejando, llevándolos a pasear y aguantando sus azotes. Ultimamente es más divertido porque las llantas del coche se derrapan sobre el hielo y hay que saber maniobrar el volante para no dar vueltas como trompo. Pero ya me estoy hartando de tanto descendiente de escandinavo revuelto con puritano imbécil. De plano, ya me estoy hartando.

Caen las hojas. El viento quema. El cielo empieza a regar copos perdidos, ajenos, despistados. La lámpara refleja su angustia y nadie se da cuenta que en el punto del ángulo, mirando tu paso, me masturbo. Qué chinga, que los amores cuando no se cumplen, duelan con frío. Así tú te alejas por la calle, igual no me pelas. Y por eso, después de venirme, me como una pizza y lloro.

A-la-rru-rru-rrú
a-la-ne-ne-né
es-te-ni-ño-ya-se-duer-me-mé
me-me-me-me . . .

 


¡Chingada madre! ¡Otra vez la puta chatarra ambulante irrumpiendo en mis sueños! Le voy a decir a ese hijo de la chingada que mande a arreglar su porquería, ¡o de plano que la tire! Estoy hasta la madre de tanta desconsideración. Me cae que la gente que vive en esta pinche calle de mierda está jodida.

Mi mente rebota, chiras pelas, pienso en la sangre, quiero que recorra, roja, roja, se torne en rios en el pavimento, rios sin palabras, secos, que inunde toditita la misión.

¡Ay, güey! ¿Supermán? ¿Eres tú? ¡Oh, chingá! ¿Qué no ves que ya no me sirves para nada? Mira, ahí afuera el borracho canta, canta triste. En sus alaridos nacen ilusiones, promesas y a la vez, se muere. Las flores frescas del garage de al lado como que me invitan a platicar con ellas; pero el señor y su hija, los feos trompudotes esos, cierran la puerta y ellas se quedan secuestradas, derramando lagrimitas. Igual que las mujeres del vecindario asqueroso, de pobreza armada apuntándome en la calle mientras que mi papi se esconde de las balas, de pobreza golpeada, quimeras aplastadas bajo el peso sádico del sol.

Mira manito, la verdad yo ya no estoy para estas cosas. ¿No ves que ya estoy viejo? ¿Por qué no mejor vas a la fiesta de los machos pendejos? Sí, la de enfrente. Porque el ruido de la música hace retumbar las paredes y tengo mucho miedo que si se derrumban, mi papi y yo nos quedemos sin guarida ante el coraje hervido, las miradas mixtas de odio y deseo, el dolor convertido en tambores locos de banda chafas a punto de estallar.

 
     

 

 "Casí Todo Pasó al Otro Lado de la Calle" © 1996 by Mario Huerta
 
 

 
 
 

Original Graphics © 1996 by Jim Davis Rosenthal
 

 

 

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